lunes, 23 de marzo de 2015

Azahar en el exilio.

¿Huele el azahar en la imaginación como recordamos?

Se levantó, como cada día. Se duchó y desayunó mientras en la televisión, las noticias corrían en una lengua que no era la suya. Hoy en Camden volvía a estar nublado. También hacía bastante frío.

Con las manos metidas en los bolsillos, y alojando la barbilla dentro del cuello de la chaqueta, se encaminaba hacia el metro, imaginando lo que estaría ocurriendo en ése mismo instante, a kilómetros de allí. En el mp3 suena Campanilleros, Estrella Sublime... y ya montado en el vagón del metro que se encaminaba a la city, saltó en sus oídos Virgen del Subterráneo.

"Ésta es su marcha", como dice el Bibi, cada vez que se la tocan. Él se elevó por encima de su asiento, voló y atravesó las paredes del underground, y llegó a través de las nubes a casa. Estaba de nuevo con su túnica de la Cena, esperando a que se abrieran las puertas de los Terceros, para poder procesionar junto a su virgen. Pegaba su hombro al palio mientras que los diputados de tramo recontaban las papeletas.

El olor del clavel de color "Rosa Subterráneo" se había resguardado en su nariz... Cigarreras, ya sonaba casi en el Rinconcillo. El señor de la Humildad se perdía por Sol y con la llamada del martillo al Palio, abrió los ojos.

"La próxima parada es la mía".

Se irguió de su asiento, y salió al andén. Se paró, e intentó volver a cerrar los ojos para que su palio se levantara al cielo... Pero llevaba la hora justa y tenía que apretar el paso para llegar al trabajo.

"Aquí tengo trabajo, allí tengo mis ilusiones".

Definitivamente, el azahar es un recuerdo que te acompaña siempre. Es como el despertar de un sueño que nunca jamás se puede olvidar. Su olor, su forma o sus pétalos forman parte de nosotros allá donde estemos.

Le mando un ramito de Azahar a María, que está en Valladolid, y allí no sale su Esperanza, de Triana. Otro ramito, a Tomás, que está en Leeds, y allí no puede acompañarme el Viernes con uno de nuestros 18 ciriales.
Le mando un ramito más, a Gonzalo, que enloquece por la pena de no vivir los Domingos de Ramos en casa.

Pronto volveréis. Y estaréis aquí como si nunca os hubiérais ido. El azahar sigue oliendo como siempre. Aquí os espera. Aquí os echa de menos.

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