martes, 17 de febrero de 2015

Un zarpazo

Hay veces en que los tiempos de la vida varían. Días en los que la lentitud, pasmosa y densa hace que los segundos lleven un ritmo cadente, cual nazareno "entraíto" en carnes de la Amargura.

Otros días en los que la sonrisa, provee al segundero de una ligereza y una soltura que producen, a la larga, un sentimiento de regusto y de inconformismo. ¿Por qué los buenos momentos pasarán tan rápido?

Ayer fue un día en el que no supe manejar el tiempo. En el que no supe otorgar un sentido. En el que vi, como la vida da zarpazos a diestro y siniestro, y como hay veces en las que siniestramente la vida se cierne y nos vence diestramente.

Siempre he sido una persona muy crítica con mi hermano. Intentando que siempre sea mejor, más cuerdo, quizás con una responsabilidad más  distinta a la que yo considero. Siempre lo he tenido en cuenta. Siempre lo he valorado con una rigidez menos benévola que a otras personas.

Mi hermano es una persona que es voluble como el viento, o como las nubes. Es distinto a los demás. Y ayer fue un día en el que todo ésto que estoy contando se disipó.

Ayer ví como en un zarpazo siniestro de la vida, el capítulo de la travesura de los zumos y las leches, podía haber dejado de ser una vivencia entre hermanos, para ser un recuerdo de mi hermano. Ayer aprendí que no existe nada tan doloroso como lo que reflejaba el rostro de mi madre. Y ayer, mi padre me enseñó que hasta en los peores momentos no hay que dejarse ir. Hay que tener temple, y hay que tener entereza.

Ayer, el zarpazo siniestro de la vida, solamente rozó a mi familia. De refilón. Gráficamente (y sin que me guste) usando un símil taurino es como cuando el pitón pasa y casi presiona la carne del muslo del torero, y  el toro nota las pulsaciones del hombre, y el hombre nota las ganas del toro.

Yo no me hubiera recuperado nunca de ésa cornada. Seguiría vivo pero con una pierna menos. A mis padres, sin embargo, ésa cornada se los habría llevado "palante".

Qué suerte tenemos de tenerte entre nosotros. El zarpazo, cicatriza. A tí en el rostro. A Mamá y a Papá en el alma. Y a mí en el corazón.


Te quiero hermano. Seguimos adelante, juntos.


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