martes, 14 de mayo de 2013

"Las apariencias, engañan"

Hace pocos días volví a entrar en un lugar, que tiempo hacía, que no volvía.

Fue como cerrar los ojos y vivir un dejà vú de 15 años atrás.

Pepe, es un lugar distinto pero hecho a la apariencia. Fue allí donde el dicho, surgió, y arraigó en todos los parroquianos.

"Las apariencias, engañan"



Su taberna, enjuta y sacada de los tiempos de Alonso de Escalona (donde seguro estoy que ya habría un Yebra comandando tan severa tasca), es un reducto de la esencia de Sevilla. Sus paredes desconchadas y descoloridas, con el famoso cuadro del Terry, o algunos carteles desperdigados por su superficie.

La barra de madera como las antiguas... Azulejos amarillentos, Toneles de cuando se fundó la Carretería, y copas Triunfantes de un pasado brillante, del cual, seguimos viviendo. Vasos de "Duralex" nunca antes tan limpios.

El tabernero, bien dispuesto siempre y erguido, a pesar de las canas blancas, como su tez, que florecen en su cabeza. Educado y parco en palabras para el extraño, es sin embargo un hombre cercano, afable y cariñoso.

La clientela es lo más variado del sitio. La esquina de Alhóndiga con Boteros y Cabeza del Rey Don Pedro, va acogiendo a transeúntes conforme se acercan las 15.30-16, o las 22,30-23... ya sea verano, invierno...

Recuerdo un hombre que al llegar siempre le solicitaba a Pepe un banco, (de los dos que tiene) y se sentaba en el ecuador de la barra... frente a los tres toneles apilados. Allí, abría su cartera de cuero, y preparaba una pipa mientras que se tomaba una cerveza y leía el ABC. Todas y cada una de las noches...

Recuerdo también a mis padres y sus amigos en el "corner" bajo los floretes y la careta de García Burgos, (quién hoy bien mantiene los Jardines del Real Alcázar).

Además allí concurren personas de toda clase o índole. Desde hippies, "perroflautas", hipsters, pijos, rocieros, comunistas, falangistas... Y todos, con respeto. De hecho ni se recuerdan, ni por más que pregunte, puedo encontrar a alguien que me cuente de un altercado allí. Salvo alguna vez que alguien le perdió el respeto al tabernero, y sacó el mandoble (un cuchillo de grandes dimensiones) a pasear... Gracias a Dios, no lo usó.

Ahora, en la era de la información, hay gente que juega con la suplantación de personalidad en Twitter, y éso, lo tiene con la mosca detrás de la oreja... Ya no queda ése respeto de puertas p'afuera.

También amenaza el fantasma de la jubilación, y a pesar de verlo para arriba y abajo, con sus cervezas, su vino dulce de botella "giraldina", y con sus cuentas en la cabeza, Pepe tiene ya buenos años.

Sustitutos habrá miles... Pero cuando se vaya, Sevilla perderá uno de esos sitios tan Cervantinos, que pocos quedan, la conjunción perfecta entre la cerveza, la taberna y el tabernero.

Gracias Pepe.

(El nieto de otro Pepe, el de la que fuera tienda de ultramarinos de la Pila del Pato)

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