martes, 5 de febrero de 2013

Él.


Puede que todo ésto sea una gran mentira... Que el Dios que conozco colgado en una cruz no sea más que un ajusticiado más como lo fueron otros... Tantos otros.

Puede que el Dios que esconde la luz roja pululante del Sagrario, no sea ni Dios, ni luz.

Puede que ése Dios que reconozco en la pureza de los cielos azules que nos brinda éste invierno, o en las suaves ondas del Guadalquivir luchando contra la Proa de ése gran barco que es Triana... no sea más que una ilusión.

No nos ha abandonado. Sigue ahí al pie del cañón. Como me dice mi madre, y como decía mi abuela, "él aprieta, pero no ahoga" "y cuando parece que tienes el agua por encima de la nariz y te ahogas, alarga su brazo y te saca de las profundidades".

Volverá dentro de poco.

Cuando se alarguen las tardes. Cuando la música sea graznidos de vencejos revoloteando y dibujando líneas maestras en el cielo de tardes alargadas. Cuando el aroma de nubes blancas de incienso se mezcle con el punteo blanco de los naranjos que se visten de gala.

En San Lorenzo, los adoquines fríos, y los álamos retorcidos, se desesperezan porque éste año lo verán por partida doble.

Eso es Fe, y no hace falta montajes teatreros, ni procesiones extra ordinarias (separado).

Él, amplia su zancada con cada mirada y con cada rezo. Su fuerza es la nuestra.

Gran Poder.

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