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Adiós, sin hola...

Siempre es la misma cantinela. Siempre el mismo resultado. Siempre...

Cuando pienso en que éste amor no me conviene, (en ocasiones lo pienso) recuerdo mis tardes de paseo a tu lado. Tu olor. Tu tacto. Tu sabor... Y se me cura.

La amargura de tu partida solamente se olvida cuando se avecina tu llegada. Y para éso, queda mucho. Siempre ha quedado mucho.

Cuando vienes, es sin avisar... Y mi sonrisa dura lo que los latidos de mi corazón, una semana.

Volverás en la juventud plena de otra primavera. Y yo volveré a amarte. A sentirme joven en tí, a pesar que mis ojos vayan perdiendo el brillo conforme avanza mi edad. Aunque el amor puro no sepa de edad.

Lo importante es lo que te quiero. Y la certeza que volverás.

Incondicional. Contigo. Siempre.

Hasta luego.

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