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Un sueño... (I)

Siempre se hace corta... pero parece que con los años, la estancia de ésa muchacha que nos decía Barbeito, sigue recortando su posada en Sevilla...

Me dí de bruces con ella a los pies de la Catedral con el Cristo de la Corona, gran hermandad que es, y gran hermandad que será en el futuro. Me volví a dar con ella en Nervión. En un paso se levantaba un puente, y sus costaleros hacían de río, que con olas valientes llevaban al Señor de la Esperanza lo mejor que sabían... Gran estreno sin duda... El misterio más grande de Sevilla al que le echaron un piropo que ojalá sonara en otras muchas... "Parece que lleva 50 años saliendo"...

Gran misterio, gran guardia Judía (que creía que iba a ser más de paripé que de otra cosa, e hicieron que me tragara mis palabras...) Clase, elegancia y saber estar en una Agrupación Parroquial que habiendo cogido carrerilla, está haciendo méritos más que suficientes para llegar a ser una Hermandad...


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El Árbol de los Amigos...

La vida es como un río... quizás eso lo dé por hecho todo el mundo... quizás sea yo el extraño o el raro que la vea como un parque, un parque frondoso y lleno de árboles en el que un árbol trata de cada cosa, y otro de otra muy distinta... Hoy me he fijado en el árbol de los amigos, y he recapacitado sobre éste árbol, que siendo uno de los más grandes de mi parque, tiene muchas hojas de un color y otras de otro. Yo soy el tronco (sin afán de protagonismo), y hay diversas formas de ser amigo. Hay amigos que los llevas tan pegado al corazón, que forman una parte indisoluble de ti... Son unas ramas que salen del tronco, que ayudan a sostener la copa, cuando se acercan los días de viento, o las grandes lluvias. Son poco más que los dedos de mi mano, pero si ellos no estuvieran, éste tronco que les habla, sería más bien un hierbajo... Hay, otros amigos que salen de éstas ramas, son las ramitas, a los que quizás no veo en meses o en años, pero que siempre están ahí, y con 5 minutos...

Londres

Dos años de Viernes Santo...

Cuando era un infante (que no de España), los Viernes Santos eran bastante parecidos. Tardes moradas, de frío y siempre de un sabor añejo... Cosa que por entonces no sabía lo que significaba. A las 20h en el Triunfo... Carretería, Soledad, Cachorro, y a las 22h para la cuesta de San Gregorio, en la puerta de las Lapas. Allí esperábamos a La O. El Nazareno bajaba imponente la cuesta, con el paso tan leve que tiene, haciendo volar su túnica lisa de siempre. La Expectación volvía Miguel de Mañara y la Contratación era una plaza de Luz. Bajaba con música propia además del acompañamiento del Carmen de Salteras, puesto que esas caídas con flecos de "Bellota" eran la mejor música que un costalero. De allí, a la cuesta del Rosario. Donde todo se volvía de Silencio. Solo roto por los palermos de San Isidoro. ¡Que Hermandad! Desde principio a fin. La mires por donde la mires. Aires de otros tiempos encerrados en una burbuja que se torna en sueño atemporal. Después... el silencio ...