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Lo que se fue...

De pequeño, aquel anciano, correteaba sobre calles adoquinadas y de pronto se sobresaltaba al ver una figura alta y esbelta, vestida de túnica y capirote. Se volvía, y le gritaba a su madre... "¡Mamá, un nazareno!"... Ella, con una sonrisa, que solo los ciegos pueden adivinar en el cielo, de eterna bondad y dulzura, asentía, y ponía su contador de nazarenos, a cero, para que el pequeño Manolito, no perdiera la ilusión en encontrar uno nuevo.

Los años pasaron, y Manolito no vivía por años, ni cumpleaños... vivía por y para Primaveras y Semanas Santas... Como una "humarea" de incienso, el tiempo pasó raudo... y cuando menos lo esperaba, vió como era él, el que ponía el contador a cero, e incentivaba a sus hijos a contar nazarenos. Y poco después, como sus hijos eran los que ponían el contador.

La vida se esfumó, como un lejano toque de corneta, o como el azahar en los naranjos, siempre pronto,... Y Manolito supo que se acercaba el día, de contar otra Primavera. Ya eran 92. Hacía tiempo, que Jesús del Gran Poder, le tenía planes concretos. Ya no tenía fuerzas para seguir acompañandolo en la Madrugá, era más el peso del tiempo, que de su cirio.

En las noches de Madrugá, iba a casa de su hermano... En la calle Trajano. Allí sentado en una silla, y rodeado de toda su familia, veía a sus hermanos desfilar ante sí, como si le rindieran honores. Cuando veía aparecer los ciriales, se arrodillaba y se aferraba a la baranda de su balcón, intentando palpar en sueños, el cirio que antaño alumbraba el camino al Señor.

Sus nietos lo imitaban, y lo acompañaban en ése momento tan íntimo... Algo que a Manolito, lo henchía de orgullo.

Cuando todo pasó, Manolito cerró los ojos... Y despertó en el Hospital. La radio de fondo transmitía una marcha, "Pasan los Campanilleros"... Y Manolito, en su cama giró su cabeza para mirar el pasillo... Y donde los demás veían médicos y enfermeros... El veía a Nazarenos de la Bofetá, San Gonzalo, La Candelaria, La Amargura... Y los contaba con sobresaltos, como hacía de pequeño...

Pronto cerró los ojos en el mejor de los sueños, y vestido de ruán negro, volvió a salir de nazareno, pero para no entrar jamás, y acompañar así, al Jesús del Gran Poder, que los Sevillanos se llevaron al Cielo.

Fuente Fotográfica: Cruz Alzada.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Adrian: iyooo que guapo!!! que lo hiciste tu?? un abrazoo crack!! eso es arte sevillano

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